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El precioso mensaje para el Internacional de la danza

Escrito por el 29 abril, 2019

Lo primero de todo, ¿por qué se celebra un Día Internacional de la Danza? Pues porque es necesario recordar que se trata de un arte universal y no discriminatorio, como recuerda el CID (Consejo Internacional de la danza), porque es necesario llamar la atención al público sobre este arte en el cual se encuentran infinidad de estilos desde la danza clásica a la contemporánea, y porque igual que la música y el cine están presentes continuamente en nuestra vida, nunca debemos olvidar las artes que hace solo 200 años eran las únicas que existían, como la danza, el teatro o la pintura.

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Por eso, en 1982 el maestro ruso Piepor Gusev sugirió a la UNESCO que se eligiera un día para celebrar este arte. Y se eligió un día como hoy. ¿Y por qué está fecha? Porque un 29 de abril de 1727 nació el coreógrafo que más innovó en el mundo de la danza y al que hoy se considera padre del ballet moderno: Jean George Noverre. Y es que en aquella época, en Francia reinaba Luis XV (sucesor del Rey Sol Luis XIV y predecesor del último rey de Francia antes de la revolución Luis XVI) que era un gran aficionado al ballet. Noverre fue bailarín de la corte real y coreógrafo de la companía de ballet de la Opera Cómica de Paris, llegando a tener tanto éxito que en 1755 fue invitado a Londres y después a Alemania, lo cual en aquella época no era tan fácil ni mucho menos tan común. Fue en Stuttgart donde realizo en 1763 una de sus mas famosas obras: “El ballet de Medea y Jasón” (1763), para solo 3 años después convertirse ni mas ni menos que en el director de la Opera de Paris con el apoyo de la nueva (y a la postre última) reina de Francia, la famosa María Antonieta.

Celebraciones y estrenos

Aprovechando el Día, hoy se ha estrenado  el trailer de ‘El bailarín’, película dirigida por Ralph Fiennes y protagoniazada por Oleg Ivenko y Adèle Exarchopoulos sobre Rudolf Nureyev:

Y como es habitual cada 29 de abril, una gran personalidad de la danza ha leído unas palabras para todo el mundo, y este año ha sido el turno de la bailarina y coreógrafa egipcia Karima Mansour, que ha dicho estas bellas palabras:


“En el principio hubo el movimiento… y desde el inicio de los tiempos, la danza ha sido un medio poderoso de expresión y celebración. Desde su aparición en los murales de los faraones egipcios hasta el presente, ha inspirado a los creadores de danza. La danza se usó para evocar a los muchos dioses y diosas de la danza, que simbolizaban significados y conceptos como el equilibrio, que se vincula con la justicia, la musicalidad, el tono, la conciencia individual y cósmica, etcétera.

Una vez leí que: “Se creía que, en tiempos de los faraones, la danza servía para elevar el espíritu del bailarín y de la audiencia de espectadores o de los participantes. La música y la danza alentaban los impulsos más elevados de la condición humana al mismo tiempo que consolaban a la gente de las decepciones y de las pérdidas de sus vidas”.

Todos nosotros hablamos el lenguaje del movimiento. El movimiento es un lenguaje universal que nos pertenece a todos siempre que estemos dispuestos a aguzar nuestros sentidos y a escuchar. Es preciso escuchar, escuchar sin interferencias, escuchar sin juzgar, escuchar en silencio y permitiendo que el movimiento recorra el cuerpo en cada momento, porque tanto nuestro interior como todo lo que nos rodea está en movimiento, en movimiento constante. Entonces es cuando el cuerpo no miente, porque está escuchando su verdad y la está expresando.

Al escuchar el latido de nuestro corazón, podemos bailar la danza de la vida, que requiere movimiento, agilidad y adaptabilidad, una coreografía en constante variación.

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En esta época en la que la conexión y la conectividad han adquirido nuevos significados y estamos en el punto más bajo de nuestra capacidad de conexión… La danza sigue siendo el acto al que más recurrimos para ayudarnos a restablecer esa conexión perdida. La danza nos devuelve a nuestras raíces, tanto en un sentido cultural, como en el sentido sensorial, personal e individual más inmediato, hasta alcanzar el núcleo y el corazón, al tiempo que nos capacita como animales sociales. Porque solo cuando nos conectamos con nosotros mismos, cuando escuchamos nuestro ritmo interior, podemos conectar verdaderamente con otros y comunicarnos.

La danza es el lugar donde la cultura se comparte y las fronteras se derrumban en el espacio de la inclusión y la unidad, a través del lenguaje tácito de la universalidad. El cuerpo es un instrumento de expresión, el vehículo de nuestra voz, nuestros pensamientos, sentimientos, historia, de nuestro ser y existencia, de nuestro anhelo de expresar y conectar, que se manifiesta por medio del movimiento.

La danza es un espacio que nos permite conectar con nuestra verdad; por eso, necesita un espacio tranquilo. La danza nos permite conectarnos y sentirnos plenos, y solo en ese sentimiento podemos encontrar la paz, y con la paz llega el silencio y gracias a él, podemos oír, escuchar, hablar y a través de la quietud, aprendemos a bailar nuestras verdades y es entonces cuando la danza se vuelve pertinente.

En el movimiento y en la danza, nos podemos mover de la vertical a la horizontal, de arriba a abajo, y viceversa. El movimiento y la danza pueden crear el caos, reorganizarlo o no. Ahí es donde somos capaces de crear nuestras propias realidades y los momentos fugaces y efímeros, uno tras otro. Momentos que nos pueden conmover y permanecer en nuestros recuerdos para inspirarnos y cambiarnos para toda la vida.Ése es el auténtico poder de la verdadera expresión y, por lo tanto, el poder de la danza.

La danza es sanadora. La danza es donde la humanidad puede encontrarse.

Invito a la gente a ir más allá de las fronteras, más allá de la crisis de identidad, más allá del nacionalismo y más allá de las definiciones. Liberémonos de esas limitaciones y encontremos el movimiento y el impulso en ese lenguaje universal. Invito a todos a bailar al ritmo de su corazón, de su verdad interna, porque son esos movimientos internos los que conducen a las revoluciones internas, donde el cambio real tiene lugar”.


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